<<¿Qué dosis de verdad puede soportar el hombre?>>. Esta interrogación de Nietzsche viene a nuestra mente al terminar estas notas, y nos mueve a prevenir al lector sobre el contenido del presente capítulo, que es una exposición cruda, pero desapasionada, de lo que a nuestro parecer constituye la psicología mexicana […]. No es muy halagador sentirse en posesión de un carácter como el que se pinta más adelante, pero es un alivio saber que se puede cambiarlo como se cambia de traje, pues ese carácter es prestado, y lo llevamos como un disfraz para disimular nuestro ser auténtico, del cual, a mi juicio no tenemos por qué avergonzarnos […].
Somos los primeros en creer que ciertos planos del alma humana deben quedar inéditos cuando no se gana nada con exhibirlos a la luz del día. Pero en el caso mexicano, pensamos que le es perjudicial ignorar su carácter cuando éste le es contrario a su destino, y la única manera de cambiarlo es precisamente darse cuenta de él […]. Los hombres no acostumbrados a la crítica creen que todo lo que no es elogio va en contra de ellos, cuando muchas veces elogiarlos es la manera más segura de ir en contra de ellos, de causarles daño[1].
Samuel Ramos.
La obra de Samuel Ramos –ilustre ensayista, filósofo y crítico mexicano– aparece en 1934 y aclara que, el presente estudio puede interpretarse como un ensayo psicológico y filosófico del mexicano, a su vez, aclara la existencia de diversos males que se presentan en la cultura; como el exceso de imitación a Occidente europeo, y con más resalto, el sentimiento de inferioridad que surge ante la incapacidad del ser mexicano para responder a las situaciones que llegan a presentarse cotidianamente.





