UNA ANTIGUA
FÁBULA hindú o africana -según el gusto- cuenta de un elefante que fue abordado
por cuatro monos ciegos. El primero describió al animal como "una
superficie rugosa y plana, medio oscilante". El segundo como
"cilíndrico y grueso, con uñas". El tercero dijo que era "largo
y prehensil, como con dos anillos y dos orificios jadeantes". El último
postuló que el elefante era "vertical y con forma de cuerda, pero con
pelos". Cada uno de los observadores era terriblemente fiel a su
experiencia del monstruo. Sin embargo, la especie en cuestión se les ocultaba
herméticamente a los cuatro[1].
En la actualidad la Ciencia Política ya no puede
encerrarse en la rigurosidad de ser una disciplina completamente cientificista,
y mucho menos en pronunciarse a favor de una totalidad especulativa. Sin
embargo, desde el lugar en el que me encuentro situado, es muy difícil
desapegarse de toda la genealogía que construye a dicha disciplina social, por
eso mismo, es bueno nutrir al lector de reflexiones que ayuden a desencantar el
determinismo científico y el abuso de la especulación. Sin embargo, el intento
por situarse en un estudio metacietífico
y metafilosófico se va construyendo
con el paso del tiempo, con la búsqueda del estudio y la aproximación a la
realidad con el criterio necesario que pueda ayudarnos, no sólo a comparar sino
a generar un pensamiento crítico constructivo y reflexivo.

