GERARDO LOZADA MORALES[1]
Dicho en breve, la democracia a la que
me refiero considera a la sociedad civil como el espacio público por
excelencia, el lugar donde los ciudadanos cuestionan y enfrentan cualquier
norma o decisión que no haya tenido su origen o rectificación en ellos mismos;
coloca a la esfera pública política como el factor determinante de
retroalimentación del proceso democrático y como la esfera de la política
democrática; concibe al poder político como un espacio “vacío”, materialmente
de nadie y potencialmente de todos [...] (Cansino, 2010: 180)
En pleno comienzo
del siglo XXI el mundo puede encontrarse en una situación completamente caótica
gracias a la crisis que arrastra la democracia desde las últimas tres décadas
del siglo pasado, reflejándose en lo económico, lo político y en particular en
lo social. El peligro de hoy —a diferencia de otras épocas— es que la humanidad
no había experimentado con más gozo lo que representa vivir en democracia,
empero, hoy los resultados no han sido completamente satisfactorios.
