
“[…] para conservar o transformar el mundo es necesario haberlo entendido antes”Norberto Bobbio (2003: 88).
La desigualdad del pasado como constante del presente en el Estado y la economía.
El problema de la
desigualdad es algo que nos remonta a tiempos inmemoriales, y que está
altamente ligado al terreno de lo político. En la génesis de la conformación
estatal, personajes como Aristóteles sembraron la eterna discusión sobre la
desigualdad, ya que al concebir la existencia de gobernantes y gobernados
se asumió qué tanto puede el hombre ser partícipe de las cuestiones estatales.
A su vez, justificó la desigualdad como una condición natural inherente del
hombre, tal fue el caso de la esclavitud, lo político y lo civil, hasta
anclarse en la concepción económica de facto, ya que aseguró lo siguiente:
[…] la igualdad parece
derecho común, y sin duda lo es, no para todos, sin embargo, sino sólo entre
iguales; lo mismo sucede con la desigualdad; es ciertamente un derecho, pero no
respecto de todos, sino de individuos que son desiguales entre sí (Aristóteles,
2001: 106).
Asimismo, no es casual ver que lo político ha definido históricamente el
campo de batalla de las luchas sociales entre quienes poseen riquezas o el
capital, y quienes intentan subsistir mediante la fuerza de trabajo, a
sabiendas que desde la génesis organizacional del hombre, la toma de decisiones
fue un ejercicio de poder que se concentró en las clases altas que tenían la
subsistencia óptima; es decir las condiciones económicas adecuadas para
involucrarse de lleno en el ejercicio del gobierno.
